Publicidad:
Terra
La Coctelera

Fiesta en casa de Alba (1)

Durante las dos semanas siguientes las cosas no fueron tan distintas. Nuestras clases se habían convertido en encuentros sexuales desenfrenados en los que no desaprovechábamos ni un momento. Tan sólo hubo un día en el que dimos clase, ya que los padres se encontraban en la habitación de al lado con un albañil para estudiar una reforma. Aún así me masturbó por debajo de la mesa mientras le escribía algunos apuntes. Le encantaba darme placer mientras trabajaba (o hacía que trabajaba).

Aquello empezó a ser el inicio de una extraña etapa sexual en mi vida. Desde entonces empecé a mirar a mis alumnas de otro modo. No puedo negar que alguna vez imaginaba en mi cama a algunas de ellas, pero ahora se había convertido en una obsesión. A veces mientras daba clase imaginaba a Marta debajo del escritorio y como después ella misma invitaba a algunas amigas a unirse a la fiesta. Empezaba a pasar más tiempo con mis alumnas en los descansos que con los profesores. Eso empezó a alarmar a algunos, sobretodo los más recatados que veían en mi una figura poco aconsejable para dar clase a chicas jóvenes. Al menos eso se rumoreaba en algunos círculos.

El jueves terminé otra clase particular con Marta. Nos estábamos vistiendo y limpiando cuando ella me sugirió salir con ella al día siguiente por la noche. Le comenté que a lo mejor no podía ya que por dentro estaba deseando que aquello parase antes de que fuese a mayores y se enterara gente que no debiera.

- Venga hombre, es para tomarnos unas copas y divertirnos un poco sin follar. No te estoy pidiendo que seas mi novio ni mucho menos.

- Ya, me imagino, pero no se, mañana tenía otros planes, no te aseguro que pueda. Pero bueno, tengo tu móvil así que si finalmente puedo pues te doy un toque y me acerco.

- Bueno, eso es que no vas a venir, pero como quieras. Quería presentarte a unas amigas que son la caña. Nos lo podíamos pasar muy bien todos. A lo mejor también necesitan clases particulares.

Al día siguiente me encontraba sólo en mi casa, algo habitual en los últimos viernes. Solía vaguear mucho durante la semana y eso acababa pasando factura. Estaba bebiendo una cerveza, corrigiendo unas redacciones de unos alumnos de la academia con la tele de fondo, cuando sonó el teléfono. Sólo fue un toque, del móvil de Marta, algo que no me sorprendió en absoluto. Dudé un instante entre llamarla o dejarlo pasar, pero me vino inevitablemente a la cabeza su precioso culo sudoroso contoneándose frente a mi cara deseoso de ser lamido y penetrado… y marqué su número.

- ¿Hola?
- Hola Marta, creo que al final sí que salgo, ¿dónde estás?
- Bueno tengo una buena y una mala noticia.
- ¿Qué pasa?
- Al final no he salido, esa es la mala.
- ¿Y la buena?
- Pues que estoy en casa de una amiga haciendo botellón y que te puedes venir.
- No sé… ¿quiénes estáis?
- Estamos dos amigas, el novio de una y yo.
- Pfff, no se, es que no les conozco, me da un poco de palo la verdad.
- Venga no digas gilipolleces, que nos vamos a echar unas buenas risas. ¡Además que por fin podremos echar un buen polvo sin escondernos!
- Ummm, bueno venga, pero voy a estar sólo un rato, que mañana no me quiero levantar muy tarde.

Al cabo de tres cuartos de hora llegué al chalet que me habían dicho. Había una espesa neblina de canutos cuando abrieron la puerta. Fue David el que lo hizo, un tío de 24 años, bastante alto, algo desaliñado, con barba y cara de fumeta. Iba sin camiseta por lo que pude contemplar un inmenso tatuaje con letras chinas que le cubría gran parte del vientre. Llevaba un piercing en cada pezón y varios en las orejas. Me invitó a pasar y me pasó el canuto.

En el salón estaban Marta y sus dos amigas. Hacía mucho calor, debido en gran parte a que tenían encendida la chimenea, y el ambiente era pesado y húmedo, como si llevaran ahí dentro todo el día. Estaban viendo una película repartidos entre el suelo y los sofás, bebiendo cerveza, ron y tequila. El cenicero estaba hasta arriba de chustas de porro. Marta me presentó a sus amigas; Paula y Alba. Las tres iban bastante entonadas entre el alcohol y los petas, lo cual hacía que no pararan de reírse y comentar idioteces.

Paula tenía 19 años, era la mejor amiga de Marta y la novia de David. También algo pijilla en cuanto a su forma de vestir, pero afortunadamente con mejores gustos musicales que abarcaban desde el jazz hasta el rock’n’roll clásico. Tenía el pelo rizado y castaño claro, bastante largo. Su tez era más morena que la de Marta, pero no demasiado. Tenía también más curvas, incluyendo una preciosa barriguita que adornaba con un clásico piercing en su ombligo. Estaba tan buena como Alba, la anfitriona de la casa, otra morena de pelo liso, algo más corto que el de Marta. Tenía 18 años recién cumplidos, pero por su rostro y su estatura parecía la más mayor de las tres.

Poco a poco fui adaptándome a la situación. Estuvimos un rato hablando y haciendo comentarios sobre la peli, a todos nos gustaba el cine así que fue una conversación agradable, e incluso en algunos momentos bastante interesante. Llevaba ya un par de copas de ron con naranja cuando Alba sugirió subir al piso de arriba para seguir hablando en el jacuzzi. A todos nos encantó la idea.

La niña pija tenía un enorme baño en la segunda planta del chalet. El jacuzzi, al contrario de lo que pensaba, tenía grandes proporciones, suficientes para caber los cinco de sobra sin estar apretados. Al entrar Marta dijo que teníamos que meternos en bolas o sino no tendría gracia. Dada la cantidad de alcohol que fluía por nuestra sangre no nos importó demasiado la proposición así que todos nos fuimos deshaciendo de nuestras prendas. Me metí rápido en el agua para disimular la gran erección que tuve al ver a esas tres preciosas niñas desnudas. Alba tenía el coño completamente depilado y Paula perfectamente recortado. El de Marta ya lo conocía de sobra, pero consiguió igualmente que empezara a circular rápidamente sangre por mi pene.

Alba se sentó a mi lado izquierdo y Marta al derecho. Paula se sentó sobre su novio el cual la abrazó fuertemente. No podía seguir el hilo de ninguna conversación dada mi excitación. Notaba las suaves piernas de Alba junto a las mías y el calor del cuerpo de Marta. A pesar de la situación, logramos seguir conversando y bebiendo como si nada, aunque cada vez me sentía más cerca de las dos chicas que tenía al lado.

De pronto, sin venir a cuento, noté la mano de Alba acariciando suavemente mi pierna por debajo del agua. Empecé a pensar que quizá era un maquiavélico plan de Marta para comprobar hasta donde era capaz de llegar, pero acepté el reto y mi mano también respondió acariciando la suya. En ese momento Marta me miró y nos empezamos a besar. Alba cogió mi mano y la llevo a la cara interna de sus muslos. Respondí apretando ligeramente sus carnes y subiendo la mano hasta su coño.

Paula y su novio decidieron imitarnos y también empezaron a besarse y en apenas unos segundos ella se dio la vuelta y se sentó encima de su polla. Sus gemidos nos estaban poniendo a mil y Marta comenzó a masturbarme. Para entonces mis dedos estaban explorando abiertamente la rajita de Alba, que también suspiraba sonoramente. Le introduje un par de dedos y empecé a masajearla por dentro, lenta y profundamente. Marta había dejado de besarme y ahora reemplazaba su boca por sus pechos. Me posaba un pezón en los labios y después cambiaba por el otro. De vez en cuando inclinaba más su cuerpo y me cogía la cabeza ahogándome casi literalmente con cada pecho.

Los gemidos de Alba y de Paula eran atronadores, por fin la situación tensa del principio había dejado paso a la seguridad de que aquella iba a ser una noche de sexo libre, aunque aún tenía dudas sobre si podría follarme a la preciosa Paula, que no paraba de botar sobre la polla de su novio. Pero sí podía follarme a Alba y es lo que quería hacer en ese momento.

La cogí de las caderas y le hice un amago para que se diera la vuelta y se pusiera de rodillas en el banco donde estábamos sentados. Ella obedeció y yo me levanté y me puse detrás suya. Le acaricié los glúteos suavemente, pasando mis dedos también por su depilado coñito. Marta se sentó a su lado y empezó a lamerla y besarla por la espalda y los brazos. Alba se deshacía en gemidos y me suplicó que la follara. Marta posó las manos en los glúteos de la anfitriona y abrió su culo incitándome a que le metiera mi polla. No quise hacerla esperar más y le restregué la punta de mi polla por toda su raja. Era un placer indescriptible rozar nuestros sexos sin sentir un solo pelo de por medio, tan sólo su piel caliente y palpitante. Mi polla entró de golpe como un cuchillo cortando mantequilla. Estaba tan mojada que pareció ser absorbida. Tenía ganas de follarme a esa zorrita por detrás y por fin lo estaba haciendo. Marta, mientras tanto, le frotaba el clítoris con sus dedos y la besaba.

Paula y David decidieron imitarnos justo a nuestro lado. Entonces Marta salió del jacuzzi y se puso de pie frente a la cara de Paula, que seguía gritando exageradamente. Elevó su pierna apoyando el pie en el borde de la bañera y con su mano acercó aún más la cabeza de su amiga a su delicioso coño. Miré con envidia la lengua de Paula al posarse sobre los pliegues de Marta. Me encantaba devorar su chorreante coño en nuestras clases.

Con una coordinación perfecta, como si ya lo hubieran practicado más veces, David sacó la polla del coño de su novia e inmediatamente Marta se inclinó hacia ella. El chico empezó a gritar y a Marta sólo le hizo falta posar sus labios en su capullo para que terminara de explotar en una gran corrida. Ella le siguió ordeñando con su mano mientras su leche no paraba de gotear por su boca y su barbilla, cayendo en el culo y la espalda de Paula. Cuando le hubo exprimido la última gota con sus deliciosos y viciosos labios, le empezó a besar profundamente. Yo la estaba mirando y ella me devolvió la mirada con una sonrisa de zorra. La noche no acababa más que empezar...

Las clases de Marta (2)

[... continuación]
Mordí uno de sus glúteos mientras mis manos los amasaban. Era un culo increíble, no me cabía duda que si algo podría ser popular era por esas maravillosas posaderas. Su piel lisa y tersa se fundía con mis labios, que no querían dejar ni un solo rincón sin babear. Agarré sus “mofletes” y los separé para contemplar con más detenimiento su coño empapado y su agujerito negro. Me acerqué para embriagarme con su olor y empecé a pasar mi lengua lentamente, desde el clítoris hasta el culo. Así pude saborearla entera y mi polla empezó a responder otra vez a tantos estímulos.

Le seguí dando lentas y profundas lametadas, deleitándome con su sabor y sus gemidos.
Al contrario de lo que imaginaba, su coño estaba más bien peludito, aunque con la línea del bikini bien definida. Me encantaba notar las cosquillas de sus ensortijados pelos sobre mi barbilla. Quería devorar completamente a mi alumna, no me importaba estar así durante horas. El sabor de su coño me estaba volviendo loco y despertaba un irrefrenable deseo de follármela sin descanso.

Mi lengua se centró entonces en ese pequeño espacio que hay entre la entrada del coño y el culo. Mi labio superior estaba posado en un agujero y el inferior el otro. Apretaba con fuerza mientras saboreaba ese pequeño y recóndito lugar de su cuerpo. Después mi boca comenzó a bajar y se recreó con su clítoris, palpitante y duro como una piedra. Lo chupaba y apretaba entre mis labios al tiempo que introducía dos dedos en su coño.

Repentinamente ella alcanzó con un brazo la minicadena y le dio al “play”. Al sonar la música ella por fin pudo empezar a soltar verdaderos gemidos. Se retorcía y contoneaba sus caderas mientras yo aceleraba mi ritmo con los dedos. El ruido de chapoteo de su coño fue desplazado por una pequeña sucesión de gritos que me hicieron pensar que tal vez sus padres se mosquearían. El interior de su coño comenzó a palpitar y dejé de chupar, con el corazón en un puño temiendo que se avecinara lo peor.

Después de unos segundos de incertidumbre y de espera, ella volvió su cara hacia mi y me dijo que la follara. Así que con algo de miedo aún, me puse de pie y coloqué mi miembro en la entrada de su coño. Restregué la punta un par de veces y empujé definitivamente clavándole toda mi polla hasta el fondo. Esta vez dejé la minuciosidad y cuidado de la anterior ración de sexo oral y empecé a darle caña. Mis embestidas eran rápidas, acompañadas de algunos azotes y amasamiento de pechos. De vez en cuando daba alguna estocada más profunda lo que le provocaba algún gemido más alto que otro.

Después de un buen rato de cabalgarla, se dio la vuelta quedando boca arriba. Aproveché para lamer de nuevo esos pechos que tanto me gustaban y con los que no pude recrearme tanto antes. Pero mi boca se perdió más allá de los pechos, estaba eufórico y loco por su cuerpo, quería comérmela entera. Ella hizo amagos de que siguiera penetrándola así que obedecí fielmente y seguí introduciéndole mi polla.

Mientras follábamos nos besábamos o a veces le ponía un dedo en la boca para que chupara. Aún tenía gotas de semen salpicadas por su barbilla, sus mejillas e incluso alguna en su pelo. Pero poco a poco se iban mezclando con el sudor que emanaba de nuestros cuerpos y que estaba cargando aún más de sexo el ambiente.

Marta volvió a tener un orgasmo que logró tapar mordiéndome la mano. Me tenía apresado fuertemente entre sus piernas y sus brazos, tanto que casi me costaba respirar. Después de unos leves espasmos volvió a relajarse. Mi polla disfrutaba aún más en esos momentos sintiendo las contracciones de su coño. Decidí que era buen momento para sacarla y proponerle meterla en su culo. Me moría por dar por el culo a esa puta pija.

Así pues puse la punta de mi polla en su culo y empecé a rondar haciéndole saber mis intenciones.

- ¿Puedo?
- Sí, soy tuya, fóllame por todos lados. Pero primero abre el primer cajón de la mesilla.

Ahí estaba un buen tubo de lubricante casi por la mitad. Me moría por preguntarle cuántos tíos le habían roto el culo, pero preferí dejarlo para cuando tomáramos un café. Me embadurné la polla con ese fluido y puse un poco en su agujerito. Pude comprobar que dejaba un ligero sabor dulce cuando introduje la lengua dentro. Separe bien sus glúteos para poder lamer y abrir bien su culo antes de penetrarla. Mientras tanto me masturbaba, con cierta dificultad pues mi polla ahora estaba empapada no sólo de su flujo sino también del dichoso lubricante.

Al cabo de un rato en el que parecía que su culo estaba listo, coloque mi polla en posición y empecé a presionar. Entraba despacio y con mucha presión. Volví a sacarla e introduje otro poco más. Así hasta que ella empezó a acostumbrarse y sentir placer. Mi polla se abría paso entre sus nalgas cada vez a más velocidad. Creía que me moría de gusto cuando logré meterla entera. Subió el volumen de la música y subió el tono de sus gritos. Justo en el momento en que empecé a correrme llamaron a la puerta.

Por fortuna mi orgasmo ya había tenido lugar en el momento de llamar y no se me cortó, pero mi cara se horrorizó en cuanto imaginé la puerta abriéndose y su madre entrando para ver a su hija sodomizada por su profesor particular, corriéndose dentro de su ano.

- ¿Chicos?
- Sí mamá, ¿qué pasa?
- Nada que es que ya ha pasado hora y cuarto, por si Yoel no lo sabía.

Marta me miró como para incitarme a decir algo. Así que contesté.

- ¡Gracias por avisar! ¡No me había dado ni cuenta! Enseguida terminamos.
- Vale.

Y después unos ruidos de pisadas alejándose nos devolvieron la calma. Marta alzó el brazo para cortar la música, que por suerte era en inglés y nos servía como coartada. Los dos estábamos empapados de sudor. Ella sonrió y gimió levemente mientras sacaba mi polla de su culo.

- Mmmm, ven aquí.

Y, como ya hizo antes, me limpió y exprimió las últimas gotas de leche con su boca. Le dije que había sido la ostia y que follaba como nadie. Ella lo agradeció, aunque no hacía falta decírselo, lo sabía de sobra. Quería decirla algo, pero me vestí rápidamente y me apresuré en salir de la habitación.
- Bueno, nos vemos pasado mañana, ¿no? – Dijo ella
- Claro, claro. Oye mira, me llevo tus ejercicios, los corrijo en casa y te los explico el próximo día, ¿vale?
- Bueno… ya veremos.

Las clases de Marta (1)

Mi nombre es Yoel y tengo 26 años. Soy profesor de inglés de segundo de bachillerato en un instituto y también ocupo las tardes dando clase en una academia privada y clases particulares. No puedo decir que me vaya mal. Seré sincero, he fantaseado más de una vez con mis alumnas, pero nunca llegué a obsesionarme por nadie ni a ocupar gran parte de mi tiempo en eso. Al menos no hasta que Marta me abrió la puerta de la locura.

Marta era una de las chicas a las que daba clases particulares. No iba a mi instituto, pero sus padres vieron mi anuncio en una parada de autobús y solicitaron mis servicios para ella. Francamente, no sólo le iba mal en inglés, muchas asignaturas las llevaba arrastrando a pesar de que era inteligente y perspicaz. Con sus 18 años, Marta aún tenía el pavo y su rebeldía muchas veces se manifestaba con provocación descarada. Sin embargo, tenía la impresión de que no sólo le gustaba calentar, también cocinar.

Marta era bajita, con el pelo negro, largo y liso. Sin embargo su tez era muy pálida y clara como sus preciosos ojos verdes. Su cara estaba ligeramente salpicada por pequeñas pecas que cubrían parte de su nariz y sus mejillas. Era sin duda una belleza exótica acompañada con su perfecta silueta. Tenía un culo firme, pequeño pero ligeramente respingón. Sus pechos eran normales, pero su baja estatura les hacía parecer más grandes. Sin duda, debía ser la envidia de las chicas de su clase y seguramente el objeto de deseo de sus compañeros. Estaba seguro que se habría tirado a la mitad de la clase.

Desde el primer día que la di clase trataba de provocarme. No lo hacía de forma exagerada, sabía ser sutil, pero a todo le ponía su personal toque de morbo para intentar ponerme nervioso. Recuerdo que la última vez me enseñó un tanguita nuevo que le había regalado un amigo que estuvo en Salamanca. Era negro y con una ranita verde impresa en la parte de delante.

Aquella tarde tenía clase con ella. Como siempre, su madre me abrió la puerta y me invitó a subir a la habitación de la niña. Mientras iba subiendo, la voz de su madre le advertía desde el salón: “ya está aquí Yoel”. Ella contestó con un sonoro “¡vale!”, y tras golpear un par de veces en su puerta, entré en su habitación. Estaba deliciosa, como siempre, con una faldita muy corta y unos calentadores en sus tobillos. La parte de arriba era un top rojo que no dejaba lugar a la imaginación pues sus pezoncitos se marcaban perfectamente tras la licra.

- ¿Qué tal Marta? Me habrás hecho los ejercicios, ¿no?
- Pues claro, que poco confías en mi.

Ella sacó unos folios de su carpeta y los puso sobre la mesa. Les empecé a echar un vistazo.

- La verdad es que creo que están falta, no me he enterado mucho de lo que me explicaste el otro día. – Siguió ella.
- Bueno pues entonces lo volvemos a ver hoy, vamos a ver en que has fallado.

Comencé a comprobar detenidamente sus ejercicios y señalando en rojo aquellas partes que estaban mal, anotando comentarios. Tras unos momentos, ella decidió romper el ambiente serio que se dibujaba en la escena:

- Oye, a ver si te veo algún día por ahí de marcha, ¿no?
- Bueno, yo últimamente no salgo mucho, tengo mucho curro.
- Estas hecho un abuelo, ¿o qué?
- No, me encanta salir, pero estamos en época de exámenes, ya sabes, tengo que corregir muchos, planificar clases… Últimamente casi no tengo tiempo de divertirme.
- Que pena, a mi es que me encantaría verte borracho. Tienes pinta de ser un cachondo cuando no das clase.
- ¡Oye que dando clase también soy un cachondo!
- Por eso, seguro que fuera eres aún más.
- Bueno no se, lo típico.
- Seguro que eres el típico friki que lleva gayumbos de Batman o de los Simpsons y de cosas así.
- De todo menos de ranas.
- Jajaja, hoy no llevo el de la rana.
- ¿Ah no? ¿Y cuál llevas?

Sin casi darme cuenta había caído en su juego. Sin embargo, no me importaba, por primera vez estaba dejándome llevar al terreno que ella quería. Aquella tarde me sentía intrigado por ver cuánto de vana provocación había y cuanto de realidad. Ella sonrió y bajo su faldita ligeramente. Observé detenidamente su minúsculo tanga, negro y con los bordes rojos. Después empezó a girar lentamente sobre si misma y cuando estaba de espaldas a mi, bajo aún más su faldita mostrándome prácticamente la totalidad de su precioso culo. Por atrás, el tanguita apenas era un hilo de tela que desaparecía entre sus muslos. Se quedó ahí parada un momento como para que lo apreciara detenidamente. Después volvió a girar lentamente subiéndose la falda.

- ¿Te gusta? Es de mis preferidos.
- Es muy bonita. Tienes buen gusto con la ropa interior. Yo la verdad es que soy un desastre.
- ¿Ah si? A ver, enséñame tú los gayumbos y te lo digo.

Hice caso a su petición y me desabroché el vaquero. Comencé a bajar mis pantalones mostrándole mis aburridos boxer naranjas. Ella miró detenidamente mi paquete y después dijo riéndose:

- Parece que te ha gustado mucho mi tanga.

Miré hacía abajo y pude comprobar que mi polla había crecido considerablemente. No llegaba a ser una erección, pero mostraba claramente lo contento que estaba después de haber visto ese precioso culo. Ella prosiguió.

- Pues te enseñaría también el sujetador para ver si también te gustaba, pero no llevo nada.
- Bueno, pues enséñame lo que hay que en su lugar.

Ella sonrió pícaramente y comenzó a subirse lentamente el top, quitándoselo por completo. Ahí tenía ante mi sus perfectas tetas, grandes y con forma de lágrima. Mi erección pasó a ser completa en ese momento y no pude evitar llevarme la mano al miembro.

- Joder, que tetas tienes Marta.
- ¿Te gustan profe?
- Me encantan.
- Pero… aún no las has probado… ven aquí.

Y cogiéndose una con la mano me hizo amagos de probarlas. Avancé rápidamente y me la llevé a la boca como un poseso. Estaba deliciosa. Apretaba su pezón entre mis labios y pasaba mi lengua. Lo mismo hice con la otra al tiempo que las sobaba y apretaba entre mis manos. No paraba de mamar al tiempo que ella presionaba mi polla con su mano. Después me cogió la cabeza y la inclinó hacia arriba para que la besara.

Comenzamos a besarnos salvajemente. Nuestros cuerpos estaban pegados y las manos se perdían cada una en el cuerpo del otro. Era como si los 2 nos hubiéramos estado reprimiendo durante años. Le bajé el tanguita por debajo de la falda, deseoso de probar su delicioso coño. Después me pegué bien a ella aplastando mi polla contra su vientre. Apretaba su culo presionándola hacia mí mientras nuestras lenguas se perdían en nuestra boca. Cada vez respiraba más fuerte. Su aliento me volvía loco, me ponía a cien. El hecho de estar liándome con mi alumna en su propia casa, con sus padres en el salón, le daban aún más un fuerte aliciente morboso. Mi mano empezó a acariciar la cara interna de sus muslos y poco a poco fui subiéndola. Por fin note su coñito chorreante y sus pelitos. Le pasé dos dedos por toda la rajita para empaparlos bien de su flujo. Los metí dentro y los volví a sacar, llegando ahora a su clítoris. Ella se abrió de piernas un poco más y pude comprobar como su botoncito estaba duro y palpitante. Volví a introducirle dos dedos que entraron suavemente. Pero entonces ella me apartó repentinamente.

- Espera… ¿no tienes que corregir mis ejercicios?
- Bueno… sí, pero… puedo hacerlo luego. – Atiné a decir después de salir de mi asombro.
- No, quiero que lo hagas ahora. Siéntate y corrígelos.

A pesar de estar atónito, hice lo que me pedía. Me senté en la silla y miré los folios con cierta sensación de desilusión. Para entonces ya me había desprendido de los pantalones. Ella se puso a gatas y se metió debajo de la mesa. Ahora lo entendía. Me bajó los boxers y mi polla se escapó como un resorte golpeando en su barbilla. Ella la agarro fuerte con la mano y empezó a subir y bajar. Abrió la boca y empezó a pasar su lengua sobre mi capullo.

- ¿Te gusta así profe?
- Ah, ¡sí joder! Eres una zorra.

Entonces ella se metió toda mi polla en su boca, de una tragada. Con mi capullo en lo más profundo de su garganta empezó otra vez a sacarla lentamente… y de nuevo se la metió entera rápidamente. Poco a poco iba aumentando el ritmo mientras yo me sumía en el más absoluto placer. Aquella zorra dieciochoañera me estaba haciendo la mejor mamada de mi vida. A medida que chupaba, enormes goterones de saliva iban cayendo por su barbilla empapándome los huevos. Y esa misma saliva la esparcía acariciando suavemente la piel de mi escroto. Durante varios minutos continuó frenéticamente su trabajo, denotando que disfrutaba como una perra con sus continuos gemidos y suspiros. Me estaba haciendo dudar entre correrme en su boca o esperar a follármela, pero, francamente, me moría de ganas por hacer lo primero.

- ¡Joder, me corro Marta, me voy a correr!

Entonces ella me agarró de las caderas y me empujó aún más hacia ella aumentando el ritmo de sus tragadas. Dos enormes chorros de leche bañaron su garganta, momento en que se la sacó de golpe y con la mano dirigió mis chorros a su boca abierta de par en par con la lengua sacada. Otros dos chorros le empaparon los dientes y los labios. Un último chorro chocó contra su lengua y parte del labio inferior. Ella empezó a relamerse y tragar todo el semen que quedó alrededor de su boca. Grandes goterones de saliva mezclados con mi leche caían y resbalaban por su barbilla y labios cayendo a sus piernas. Me exprimió las últimas gotas a mano, con su boca en mi capullo, hasta dejarme totalmente vacío. Me miró y casi tuve otro orgasmo viendo a mi alumna con la boca bañada en leche sonriendo para mi como una auténtica zorra. Después salió de debajo de la mesa y se puso de pie frente a mi. Se giró dándome la espalda y se inclinó reposando su cuerpo sobre la mesa. Tenía su precioso culo a mi disposición para ser lamido y penetrado. Y por supuesto, me puse a la faena...